En un mundo donde el estrés y la ansiedad forman parte de nuestro día a día, encontrar actividades que nos ayuden a relajarnos y mejorar el bienestar emocional, es fundamental.
Vivimos rodeados de prisas. Mensajes que responder, tareas pendientes, pantallas, notificaciones… A veces parece que nuestro día no tiene suficientes horas y que nuestra cabeza tampoco encuentra un momento para detenerse.
Y, sin embargo, hay actividades que nos invitan a bajar el ritmo.
Una de ellas es tejer. Es una práctica que invita a centrarnos en el momento presente.
El tejer cada punto, cada movimiento de nuestras manos requiere nuestra atención, lo que nos ayuda a desconectar de preocupaciones externas. Esa concentración en el aquí y ahora, reduce la ansiedad y el estrés. La combinación del movimiento rítmico de las manos con la atención en la labor genera una respuesta relajante en el cerebro. Por esa razón, el tejido es una manera efectiva de calmar la mente después de un agitado día. Al centrarnos en la creación de una pieza, por sencilla que sea, generamos una sensación de logro que mejora la autoestima y nos motiva a seguir aprendiendo.
No hace falta tener mucho tiempo. Ni siquiera hace falta terminar un proyecto.
A veces, simplemente necesitamos sentarnos, coger nuestros ovillos y disfrutar del proceso.
¿Por qué tejer puede ayudarnos a desconectar?
Cuando tejemos, nuestra atención se dirige hacia algo concreto: el movimiento de las manos, los puntos que estamos realizando, el patrón que seguimos o la combinación de colores que tenemos delante.
Durante ese tiempo dejamos, al menos por unos instantes, de estar pendientes de todo lo demás.
El tejido tiene además un componente repetitivo. Una y otra vez realizamos movimientos similares para construir poco a poco algo nuevo.
Un punto. Otro punto. Una vuelta. Otra vuelta.
Y ese ritmo puede convertirse en una agradable rutina.
No se trata de conseguir que nuestra mente se quede completamente en blanco. Más bien de darle algo sencillo en lo que concentrarse.
Tejer el presente, punto a punto
Una de las ideas relacionadas con el mindfulness es aprender a prestar atención al momento presente.
Y hay algo muy bonito en la manera en la que tejemos: solo podemos hacer el siguiente punto.
Podemos pensar en el jersey que queremos terminar, en cómo quedará la combinación de colores o en cuándo podremos estrenarlo. Pero, mientras tenemos las agujas en las manos, el trabajo sucede punto a punto.
El proyecto completo puede parecer enorme al principio.
Pero solo tenemos que hacer el siguiente punto. Y después, otro.
Quizá por eso tejer puede enseñarnos algo que también podemos llevar a otros aspectos de nuestra vida: no siempre tenemos que resolverlo todo de una vez.
El tacto de la lana también forma parte de la experiencia
Cuando elegimos una lana, normalmente pensamos en su composición, su grosor, su color o en qué prenda queremos hacer con ella.
Pero también está su tacto. Hay lanas suaves y esponjosas, otras más rústicas, algunas ligeras y otras con mucho cuerpo. Algunas tienen una textura que invita a tocarlas incluso antes de empezar a trabajar con ellas.
Ese contacto con los materiales forma parte del placer de crear.
Elegir los ovillos, comparar colores, hacer una muestra y empezar las primeras vueltas puede convertirse en un pequeño ritual. Tenemos que ver el preparar nuestro proyecto también es parte del proyecto.
Crear algo con nuestras propias manos
El tejido, no es solo una técnica, sino que un medio de expresión. A través de colores, texturas y diseños, cada persona puede plasmar su estilo y emociones en sus creaciones. Esa libertad creativa es una excelente vía para canalizar sentimientos, reducir tensiones y potenciar la imaginación.
Tejer es mucho más que una actividad artesanal, es una terapia bastante accesible para todos.
Estamos acostumbrados a recibir las cosas ya hechas.
Compramos una prenda y la utilizamos. Descargamos una fotografía y la compartimos. Pedimos algo y llega a casa.
Tejer nos propone justamente lo contrario.
Empezamos con un ovillo y, poco a poco, nuestras manos lo transforman en algo que podemos utilizar, regalar o conservar.
Podemos empezar una prenda relativamente sencilla, en un principio, como una bufanda, un chal una manta, un bolso… no hace falta lanzarse a hacer un jersey si no estamos seguros.
Cada punto representa una pequeña parte del proceso. Y cuando terminamos, no solo tenemos una prenda: tenemos también el recuerdo del tiempo que hemos dedicado a crearla.
Tejer sin prisas: disfrutar del proceso
A veces convertimos nuestras aficiones en otra obligación. Queremos terminar el proyecto cuanto antes. Nos ponemos objetivos. Queremos hacer más y más.
Pero el tejido también puede disfrutarse de otra manera. No pasa nada si un proyecto nos acompaña durante meses, podemos dejar las agujas y retomarlas otro día.
Podemos deshacer unas vueltas y volver a empezar.
Podemos cambiar de color porque hemos descubierto que nos gusta más otro.
Tejer también puede ser aprender a disfrutar del camino y no únicamente del resultado.
Crear un pequeño ritual de tejido
Si quieres convertir el tejido en un momento de desconexión, puedes crear tu propio pequeño ritual.
Busca un lugar cómodo y prepara todo lo que necesitas: tu lana, las agujas o el ganchillo y el proyecto en el que estás trabajando.
Puedes acompañarlo de una taza de té o café, poner música tranquila o simplemente disfrutar del silencio. Deja el móvil a un lado durante un rato.
Y empieza.
No necesitas una hora. Diez o quince minutos dedicados exclusivamente a ti también pueden convertirse en un momento especial del día.
¿Punto o crochet?
Aquí tampoco hay una respuesta correcta.
Hay personas que disfrutan del ritmo de las dos agujas y otras que encuentran su momento de calma con el ganchillo.
Quizá te relaje repetir un punto sencillo. Quizá disfrutes siguiendo un patrón más elaborado. O quizá lo que más te guste sea elegir los colores y experimentar.
El objetivo no tiene que ser hacer algo perfecto.
El objetivo puede ser simplemente disfrutar mientras lo haces. Lo importante es descubrir qué te gusta a ti.
Una afición que también conecta porque hay una parte del tejido que no debemos olvidar: compartirlo.
Las clases, los grupos de tejido, las conversaciones mientras trabajamos en nuestros proyectos… El mundo de las lanas también crea espacios para conocer personas con intereses comunes, aprender unas de otras y compartir ideas.
En Lady Merino lo vemos cada día: detrás de cada ovillo hay un proyecto, pero también puede haber una historia, una ilusión y muchas horas compartidas. Creemos que crear también es disfrutar. Elegir una lana, imaginar qué vamos a hacer con ella, empezar el primer punto y ver cómo el proyecto crece poco a poco.
Todo forma parte de la experiencia.
Por eso, cuando te sientes a tejer, no pienses solamente en la prenda que quieres terminar.
Disfruta de la lana entre tus manos, del color, del movimiento, del momento, de ese pequeño espacio del día que es solo tuyo.
Porque quizá uno de los mayores placeres de tejer no sea únicamente lo que conseguimos crear, sino todo lo que sentimos mientras lo estamos creando.
Punto a punto. Sin prisas. A nuestro ritmo.

