Pequeños cuidados para que tus prendas de lana duren más

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Hemos dedicado tiempo a crear una prenda a mano, así que merece que la cuidemos para que nos acompañe durante mucho tiempo.


Antes de lavar mira la etiqueta:

Antes de poner una prenda en agua, hay un gesto sencillo que puede ahorrarnos muchos disgustos: mirar la etiqueta de composición y de cuidados.
No todas las fibras reaccionan de la misma manera al agua, al calor o al movimiento. Una prenda de lana merino, una de algodón, una de alpaca o una mezcla de fibras pueden necesitar cuidados muy diferentes. Por eso, aunque tengamos mucha experiencia lavando prendas de punto, la etiqueta debería ser siempre nuestro primer punto de referencia.
En ella encontraremos información sobre la temperatura máxima de lavado, si la prenda admite lavado a mano o a máquina, si puede centrifugarse, cómo debe secarse y si es posible plancharla o utilizar secadora.
Además de los símbolos de lavado, fíjate en qué fibras forman la prenda. La composición nos ayuda a entender cómo puede comportarse el tejido.
Las fibras animales, como la lana, el merino, la alpaca o el mohair, suelen agradecer lavados delicados y poco movimiento. En cambio, otras fibras pueden tolerar diferentes métodos de lavado.
Y cuando se trata de una mezcla de fibras, lo más prudente es seguir siempre las indicaciones de cuidado de la prenda, especialmente si no estamos seguros de cómo reaccionará cada una de ellas al lavado.
Cuando tejemos una prenda a mano, merece la pena conservar la información de la lana que hemos utilizado. Guarda la etiqueta del ovillo hasta terminar el proyecto y, si es posible, anota la composición, el grosor y las recomendaciones de lavado.
Incluso puedes guardar una pequeña muestra junto con estos datos. Con el paso del tiempo, te será mucho más fácil recordar cómo cuidar esa prenda. Ante la duda, mejor un lavado más delicado que uno demasiado agresivo.
También conviene recordar, aunque nos parezca lo contrario, que una prenda de punto tejida por nosotros, no hace falta lavarla con cada uso, sino con ventilar será suficiente.

Si la etiqueta indica lavar a mano: cómo hacerlo correctamente

Cuando una etiqueta indica “lavar a mano”, no significa que la prenda necesite un ritual complicado. Simplemente nos está diciendo que necesita un lavado más delicado, con menos movimiento y sin cambios bruscos de temperatura.

  1. Utiliza agua fría o templada
    Llena un recipiente con agua a la temperatura indicada en la etiqueta. Si no especifica una temperatura concreta, es preferible utilizar agua fría o ligeramente templada.
    La lana y otras fibras delicadas no llevan bien los cambios bruscos de temperatura. Por eso, intenta que el agua del lavado y la del aclarado estén a una temperatura similar.
  2. Añade un detergente adecuado
    Utiliza una pequeña cantidad de detergente específico para prendas delicadas o lana. No hace falta poner mucho producto: un exceso de detergente no significa que la prenda vaya a quedar más limpia y puede dificultar el aclarado.
    Disuélvelo primero en el agua y después introduce la prenda.
  3. Nada de frotar
    Este es probablemente uno de los consejos más importantes.
    Deja la prenda en el agua y muévela suavemente, presionándola con las manos para que el agua y el detergente penetren en las fibras.
    Evita frotar una zona contra otra y tampoco necesitas restregar las manchas con fuerza. El exceso de fricción puede favorecer que algunas fibras se enreden y, en el caso de la lana, contribuir al temido afieltrado.
  4. No la dejes en remojo eternamente
    Unos minutos suelen ser suficientes para que el detergente haga su trabajo. No es necesario dejar la prenda durante horas.
    Una vez terminado el lavado, aclara con agua limpia, procurando mantener una temperatura similar a la del lavado.
  5. Nunca retuerzas la prenda
    Aquí llega otro de los grandes enemigos de nuestras prendas de punto: retorcerlas para sacar el agua.
    Cuando una prenda está mojada pesa más y las fibras están más vulnerables. Si la retorcemos, podemos deformarla.
    En su lugar, presiona suavemente para eliminar parte del agua y después coloca la prenda sobre una toalla limpia. Enróllala junto con la toalla y presiona con suavidad. La toalla absorberá gran parte de la humedad sin necesidad de maltratar el tejido.
  6. Dale forma antes de dejarla secar
    Una vez eliminada el agua sobrante, coloca la prenda en horizontal sobre una superficie plana, preferiblemente sobre una toalla seca o una rejilla de secado.
    Aprovecha este momento para devolverle su forma original: coloca bien las mangas, ajusta el largo y el ancho y alisa suavemente cualquier arruga.
    Este paso es especialmente importante en las prendas tejidas a mano, porque nos permite conseguir que recuperen su forma mientras se secan.
  7. Paciencia: necesita secarse por completo
    Déjala secar al aire y evita colocarla directamente sobre un radiador o utilizar una fuente de calor intensa, salvo que la etiqueta indique expresamente que es posible.
    Y, sobre todo, no la guardes hasta que esté completamente seca.
    Una prenda de punto bien cuidada puede acompañarnos durante muchos años. Lavarla a mano no tiene por qué ser complicado: se trata simplemente de darle a las fibras el mismo cuidado y cariño con el que hemos elegido y tejido nuestra prenda.

Cómo guardar correctamente tus prendas de punto

Cuando llega el cambio de temporada, muchas de nuestras prendas de lana pasan unos meses en el armario. Y aunque pueda parecer que guardarlas es tan sencillo como doblarlas y meterlas en un cajón, hay algunos pequeños cuidados que pueden marcar la diferencia.
Antes de guardar, siempre limpia
La primera regla es sencilla: nunca guardes una prenda sucia durante meses.
Aunque apenas la hayas utilizado, es recomendable lavarla siguiendo las indicaciones de la etiqueta antes de guardarla durante una temporada. Los restos de sudor, perfumes, comida o incluso pequeñas partículas de suciedad pueden atraer a las polillas.
Después del lavado, asegúrate de que está completamente seca antes de guardarla.
Mejor doblada que colgada
Especialmente en el caso de los jerséis de lana, alpaca, mohair y otras fibras naturales, es preferible doblar la prenda y guardarla en horizontal.
Cuando una prenda de punto permanece colgada durante mucho tiempo, su propio peso puede hacer que se deforme, especialmente en los hombros y el cuello.
Doblándola con cuidado ayudamos a que conserve su forma.
Un poco de aire es buena idea
No hace falta guardar todas las prendas en bolsas herméticas. Lo importante es que el lugar donde las conservemos sea seco, limpio y esté bien ventilado.
Si utilizas cajas o bolsas para protegerlas, procura que sean adecuadas para almacenar prendas y evita guardar ropa ligeramente húmeda.

Protección frente a las polillas

Las polillas sienten especial atracción por las fibras de origen animal, como la lana, el cashmere o la alpaca. Por eso, cuando guardamos prendas de este tipo durante meses, conviene prestar especial atención.
Puedes utilizar productos específicos para proteger el armario y, si te gustan las opciones más tradicionales, recurrir a elementos aromáticos como la lavanda o el cedro.
Eso sí: la mejor protección empieza por guardar las prendas limpias.
No llenes demasiado el armario
Las prendas de punto necesitan espacio para respirar. Si las apilamos demasiado o las comprimimos durante meses, pueden perder su forma.
Una buena idea es colocar las prendas más pesadas en la parte inferior de la pila y las más ligeras encima.
Y cuando llegue el momento de volver a utilizarlas, sácalas, déjalas airearse y revisa que estén en perfecto estado antes de ponértelas.

Cuidar también es conservar

Una prenda tejida a mano tiene algo especial: detrás de ella hay horas de trabajo, elección de colores, puntos, pequeños errores y muchas decisiones.
Guardarla correctamente es una forma sencilla de conservar todo ese trabajo para que podamos disfrutarlo temporada tras temporada.
Porque una buena prenda de lana no está hecha para una sola temporada. Está hecha para acompañarnos durante mucho tiempo.
Y este quizá sea el consejo más importante de todos que os podemos dar desde Lady Merino: usa las prendas que tejes.
Después de tantas horas eligiendo la lana, pensando el proyecto, haciendo muestras, contando puntos y tejiendo vuelta tras vuelta, es normal que cuando por fin terminamos una prenda nos dé un poco de pena estrenarla.
Queremos conservarla perfecta. Que no se manche, que no haga bolitas, que no se enganche, que no pierda su forma…
Pero una prenda tejida a mano no se hizo para vivir en un armario.
Se hizo para llevarla, para disfrutarla, para acompañarnos en un día frío, para salir con ella a pasear, para acurrucarnos en el sofá o para recibir ese cumplido de alguien que nos pregunta dónde la hemos comprado.
Las pequeñas señales de uso también forman parte de la historia de una prenda.
Con el tiempo puede aparecer alguna bolita, un poco de desgaste o ese pequeño cambio de aspecto que tienen las prendas que realmente disfrutamos. Y no pasa nada. Podemos cuidarlas, lavarlas correctamente, quitar las bolitas cuando sea necesario y reparar pequeños desperfectos.
Porque cuidar una prenda no significa intentar que permanezca eternamente como el primer día.
Significa ayudarla a durar mientras la vivimos.
Así que, cuando termines tu próximo jersey, tu bufanda o ese proyecto que llevas meses tejiendo, no lo guardes para una ocasión especial.
Póntelo. Sal con él. Disfrútalo.
Porque después de todas esas horas entre agujas y lana, lo bonito no es conservar una prenda perfecta, sino convertirla en tu prenda favorita.